Opinión

27 agosto, 2020

La muerte de un buen hombre

A la memoria de Alberto Herazo Palmera, arquitecto ilustre de Valledupar, quien falleció en las últimas horas. Así lo recuerda su amigo Fausto Cotes.

Muere el aire que nos alimenta, muere una mascota querida, muere el sol en cada tarde anunciando un día menos que vivir, mueren las ilusiones trasnochadas por los años, lo mismo que muere el entusiasmo por vivir para poder cumplir con las etapas que aún faltan.

Estos síntomas se acrecientan cada vez que desaparece un ser humano y, sobre todo, cuando este ha cumplido una etapa de servicios en forma sana, llena de humildad y bañada siempre con el rocío de la amistad y familiaridad, temas que cuando se han sabido manejar constituyen las más grandes virtudes que se logran adquirir para siempre, ¡y tú los manejaste!

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Muere Alberto Herazo Palmera, parte de esa vida, hijo ilustre de la humildad y el respeto, enemigo por siempre de las discordias y apegado a sus principios genéticos de una gran familia y ligado a aquellas amistades que le hicieron vivir su vida dentro de la paz y alegría vallenata, amarradas desde su infancia a un Darío y Roberto Pavajeau, a un Gustavo Gutiérrez Cabello, a un José Alfonso Martínez, a un Carlos Céspedes, a un Rodrigo Montero, a un Luis Alberto Armenta, a un Lucas Monsalvo Villazón, a un Guillermo Castro Mejía, a un sinnúmero de amigos tan queridos como él …., entre otros, a las familias más ilustres y más humildes del País Vallenato, a quienes quiso por encima de todas las cosas y de quienes fue correspondido en su misma forma.

Su vida fue complementada con la dulzura e inocencia que adquirió de Patillal, el pueblo de sus amores.

Sí, mi amigo, “algo se muere en mí todos los días”, y hoy siento, con tu muerte, que se desprende algo más de mi vida. Siempre he sentido que de los buenos será el reino de Dios, por eso será que me siento más tranquilo y acepto los designios del destino y de la muerte.

En algo no estoy de acuerdo con el destino: “que los buenos mueran antes de tiempo, pues mueren los buenos ejemplos sin propagarse como es debido”. Toda tu familia vivirá orgullosa de ti: tu mujer, tus hijos, tu familia y tus amigos, han cumplido y seguirán cumpliendo con tu misión.

Adiós, mi amigo, adiós para siempre adiós.

POR: Fausto Cotes Núñez

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