Investigación

27 febrero, 2019

Un día en el transporte público de Valledupar: no alcanza ni para la comida

Desde 2015, el número de usuarios que toman buses en la ciudad bajó, de 65.000 a 22.000, los otros 43.000 prefieren movilizarse por medios ilegales como el motaxismo o Uber. Las pérdidas superan los $40.000 millones para las empresas legalmente constituidas en Valledupar.

Es la 1:47 p.m., momentos especiales para la siesta matutina después de tomar el almuerzo para algunos ciudadanos, otros mientras tanto, salen de sus casas con el afán de llegar al sitio de trabajo en menos de 13 minutos.

Miércoles, día que Valledupar parece todo menos una ciudad normal, y digo normal porque ese particular día el municipio se paraliza especialmente en la dinámica económica, vehicular y en materia de seguridad. Ese es el día establecido por la Alcaldía como ‘día sin moto’, prohíbe la circulación de los más de 90.000 de estos vehículos existentes en la zona urbana, entre las 8:00 de la mañana y las 6:00 de la tarde.

“Para que el transporte público tenga un aire ante la piratería que los tiene en la quiebra”

Declara uno de los pasajeros que junto a mí tomó el recorrido en el barrio La Victoria, ubicado en la comuna cuatro, que nos llevaría hasta el sector centro

Una vez en el autobús, las únicas palabras de bienvenida son por uno mismo. Conductores y sus acompañantes no están acostumbrados a darle un saludo a quienes suben. No hay torniquetes ni auxiliares cobrando el pasaje de $1.700.

La travesía inició con siete pasajeros, todos mayores a los 25 años. Sonaba la emisora Cacica Stereo en los parlantes; unos escuchaban y otros preferían usar sus audífonos o interactuar con sus teléfonos celulares. El cupo total de la buseta es para 26 puestos. Ese casi solitario viaje fue acompañado por canciones de Diomedes Díaz, Farid Ortiz.

El conductor evadió la señal de pare en el semáforo de la carrera 23, una violación a las normas de tránsito. Pero ¿lo haría el conductor porque no había nadie en las calles? No es una excusa aunque si una forma de explicar que en el camino solo se veían taxis prestando el servicio de los autobuses.

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Durante los próximos ocho minutos nadie más subió al bus. Un nuevo pasajero lo hizo sobre la carrera 19D con calle 16 del Dangond. Así se completaron 14 pasajeros que se encontraron con un monumental trancón a la altura de la glorieta de la María Mulata o del antiguo seguro, como dicen los adultos para identificar con facilidad el sitio.

Metros más adelante un vendedor ambulante se sube al bus. Pan de cada viaje. Reparte tarjetas con mensajes bíblicos; de cinco que recibieron, uno le entregó un par de monedas y así la venta no tardó dos minutos. Otro vendedor a la vista, ahora frente al Colegio Nacional Loperena. Era músico aficionado y con un parlante improvisó algo de rap. Yausmari, colombiano de nacimiento pero repatriado desde Venezuela, uno de los más de 6.000 ciudadanos del vecino país asentados en el Cesar.

A su llegada al centro de Valledupar, el carro había llevado a 14 pasajeros, que sacando las cuentas llegó a $23.800 ($1.700 por persona) de ahí el conductor resta el producido para pagarse, guardar para el pago de la tarjeta de operación y gastos otros, como combustible.

Regreso acompañado de pesares

El regreso fue sobre las 5:40 de la tarde. Dos personas además del conductor y su ayudante acompañaban la ruta Olímpica-Sabanas-Villa Miriam-La Victoria. Subimos cuatro personas más y aquí la capacidad llegaba hasta para 30 personas. La charla durante el primer tramo del viaje, entre el chófer y su coequipero, fue el número de busetas con el mismo recorrido que ellos. Un vendedor de dulces asomó a dos cuadras. Otro de agua también abordó el vehículo. ¿Cuánto vale? preguntó un pasajero: “una en $300 dos en $500”, refiriéndose al agua respondió el microempresario. Le compraron dos bolsas para aprovechar la promoción. Unas cuadras más adelante un nuevo expendedor de agua subió. No tuvo éxito como su colega. El conductor se llama Jerson Orcasita, de 34 años, con toda una vida en el transporte público.

Pasados 13 minutos un nuevo pasajero abordó y se sentó en la tercera fila del costado izquierdo. En almacenes Olímpica hubo que desviar el trayecto hasta la glorieta Los Gallos y todo porque la vía está intransitable debido a trabajos de remodelación en otra glorieta, la de Los Músicos o La Ceiba como también es conocida.

En vista de no tener solicitudes para variar su ruta, Orcasita tomó camino hasta salir a la denominada bomba del exalcalde de Valledupar, Rubén ‘Ava’ Carvajal; pasando antes por el barrio Los Caciques. La ruta hasta el final llevó ocho pasajeros, que traducidos en pesos equivale a $13.600. Un fracaso nuevamente.

¿Qué está pasando con el transporte público?

Desde 2015, el número de usuarios en el transporte de autobuses bajó de 65.000 a 22.000. El déficit es de 46.000 pasajeros, según cifras emitidas por la empresa Cootraupar.

En contra, el transporte legal tiene actores como el mototaxismo, Uber, así como el servicio de colectivo que algunos taxistas prestan de manera ilícita, generándose así pérdidas al sector por unos $40.000 millones, en los últimos tres años. Los legales tienen obligaciones de pagar pólizas por $200 millones anuales, seguros obligatorios, revisiones técnico-mecánicas y la seguridad social de la decena de empleados.

El parque vehicular en la capital del Cesar llega a 90.000 motocicletas y otros 50.000 son carros, que circulan a diario por las distintas vías. Para el transporte público además hay registrados 2.500 taxis y alrededor de 250 busetas en la Secretaría de Tránsito y Transporte Municipal.

El sector atraviesa una crisis más que aguda: empresas en estado crítico, pérdida de viajes diarios, ya hay 248 vehículos con vida útil cumplida de la flota total, 18 vehículos con tarjeta de operación vencida, según las tres empresas de transportes público: Cootranscolcer, Cotraupar y Transcacique. Actualmente no hay una entidad constituida para operar el Sistema Estratégico de Transporte de Valledupar, que se esperaba entrara en funcionamiento desde 2015.