Opinión

2 agosto, 2020

En el vallenato no todo son las redes sociales: ¿la verdad sobre los conciertos virtuales?

La concurrencia a los conciertos depende de su publicidad y el nivel de compromiso, tanto de artistas, como de empresarios. ¿Qué está pasando?

Los conciertos virtuales dejan mucho que corregir en la industria del vallenato, especialmente entre artistas y organizadores de eventos que nacieron con un fin, pero terminaron siendo un ‘desahogo’ a la falta de toques y generación de ingresos.

Tomo la vocería, como periodista y conocedor de la materia, de abrir un espacio de debate con los mismos que un día creyeron en ser artistas, no por sus cualidades, sino con la ayuda de los medios de comunicaciones, especialmente la radio, televisión y, por último, la web.

Algo no se está haciendo bien en la estructura de los espectáculos online. Partiendo desde artistas, organización, difusión y creación de contenidos. ¿Cuántos usuarios pagan un tiquete para ver cantar vallenatos en vivo? ¿Por qué las plataformas han tenido inconvenientes en algunas transmisiones? ¿Cuáles fueron las razones para que Poncho Zuleta dejara a su gente plantada? Cientos de dudas rondaron mi pensamiento, una y otra vez, por eso traigo al presente este escrito.

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Desde muy joven escucho que la radio y otros medios han perdido relevancia. Es cierto, pero siguen siendo fuertes. Que las redes sociales tienen masas sin pagarles. Lo comparto, pero no lo trago entero. ¿Saben por qué? Porque a lo largo de la historia está comprobado que el éxito no llega por sorpresa, sino luego de una construcción.

Ahora sí, entrando en el punto clave. He tenido el disgusto de escuchar a cantantes, acordeoneros, compositores, productores, músicos y empresarios, afirmar que hoy las redes sociales lo son todo: las que pegan una canción, hacen artistas, llenan conciertos, dicen la “verdad” y hasta ponen el mundo a un solo clic. Ellos, equivocados por repetir sin ilustrarse, caen fácilmente en la salida más lógica del mediocre, como es culpar a otros de sus fracasos.

En caso de ser Instagram, Twitter, Facebook o WhatsApp, ‘los dueños del público’, ¿Por qué los conciertos no han sido arrasadores en ventas? ¿Por qué no han hecho espectáculos con más de 5.000 espectadores? (Imagino a unos amigos diciéndome que estoy loco y que solo era un control de sonido)

Por conocimiento de causa lo sostengo. Hablando de artistas, Jean Carlos Centeno fue el primero en dar el salto a la virtualidad, dadas las restricciones por la pandemia del coronavirus COVID-19 en Colombia, específicamente. El exvocalista del Binomio de Oro pasó de 2.000 seguidores en la plataforma Caja de Música Live.

Ese primer salto le dio pies a Elder Dayán y Rolando Ochoa, Fabián Corrales, Los K Morales, Chiche Maestre, Poncho Zuleta, Ana del Castillo, Wilfran Castillo, Nelson Velásquez, entre otros, para arriesgarse y vender tiquetes.

Hasta ahí todo bien por el vallenato. Ya analizando cifras de compras y nivel de convocatoria, las cuentas no cuadran. Un ejemplo muy básico lo hago tomando el número de seguidores de Elder Dayán y Rolando Ochoa en sus cuentas de Instagram; suman entre los dos 1.741.745 (muchos en común), pero al indagar por la venta de boletas para el concierto del 29 de mayo, hablan de más de 3.000 (yo conocí que no alcanzaron ese número), eso no es ni el 1 %, léalo bien, ni el 1 % de sus números en solo Instagram, ahora sumen Facebook y Twitter.

Lo mismo pasó con Jean Carlos (588.872), Fabián Corrales (298.810), Los K Morales (138.415), Chiche Maestre (56.674), Poncho Zuleta (605.992), Ana del Castillo (1.778.855), Wilfran Castillo (574.745), y así sucesivamente. No convocan ni el 1 % de sus seguidores a sus conciertos, eso termina con la teoría de que no necesitan jefe de prensa, director de medios, locutores, periodistas, aliados para impulsar sus marcas. Equivocados todos como el Presidente yanqui que un día aseguró que el coronavirus era una mentira.

Los conciertos virtuales nacieron con un ‘ingrediente especial’ y fue tocar la fibra de los usuarios, seguidores del vallenato, para ayudar a quienes no han podido trabajar desde marzo, cuando comenzó el aislamiento preventivo obligatorio. El objeto primario era beneficiar a músicos secundarios y un día después del primer show pasó a ser un negocio, apartando todo el asunto anteriormente descrito.

Si bien el público sabe de las cualidades, excelsas, de quienes han hecho espectáculos virtuales, siempre quieren ver algo más y en eso han fallado casi todos, a excepción de Los Morales. El resto, se dedicaron a cantar canciones que fácilmente una plataforma como YouTube tiene miles de veces, cantadas con distintas camisas, en diversas ciudades y hasta en parrandas que son más sabrosas. ¿Dónde está el valor agregado?

Seguiré más adelante contando otros detalles de quiénes organizan y cómo son los acuerdos en los conciertos virtuales, porque el público merece enterarse a dónde va a parar el dinero que está pagando por una boleta.

Me despido con esta frase: “No hay nada más poderoso que la palabra hablada para entrar en la cabeza de la gente y crear una especie de conexión y resonancia emocional”, dice Andrés Oppenheimer en ¡Sálvese quien pueda!