Farándula

11 enero, 2021

La historia de la dinastía Zuleta Díaz que les cambiaría su apellido

Hoy se conmemora el natalicio de Emiliano Zuleta Baquero, líder de la dinastía más representativa del folclor vallenato. Así lo recordamos.

Un cambio de apellido sirvió para que la combinación de dos familias sonara mucho mejor a los habitual. Quizás por costumbre, pero no es lo mismo decir los Zuleta Díaz, que los Zuleta Daza. ‘Eso jamás’, diría uno de sus integrantes.

Cuando Tomás Jacinto Daza Pichón y María Francisca Díaz se enteraron del nacimiento de su hija, tomaron la decisión de bautizarla con el nombre de Pureza del Carmen. Aferrados a las leyes de la iglesia, dieron el apellido de la madre y no del padre, entonces la niña fue registrada como Pureza del Carmen Díaz Daza, más conocida como Carmen Díaz, hermana de cuatro hermanos más: Darío, Jacinto, Raúl y Otilia. El tiempo pasó y nunca hubo cambio de apellidos, ella creció y llevó orgullosamente la impronta de su madre.

Al otro lado de la historia estaba Emiliano Zuleta Baquero, hijo de Sara María Salas Baquero y Cristóbal Zuleta Bermúdez. ‘El Viejo Mile’ como fue conocido en la comarca nació en La Jagua del Pilar o Pedregal (La Guajira), un 11 de enero de 1912.

Su infancia la vivió allí mismo; era un lugar casi que desconocido en la geografía del país. Emiliano heredó la vena musical de sus padres, se encargó de trabajar y abrirse un espacio en las labores del campo al lado de ‘La Vieja Sara’. Un día se le dio por robarse el acordeón de su tío Francisco Salas, hermano de su madre, y tomó rumbo hacia una finca cafetera, cuando regresó sabía tocarlo y comenzó a sacarle música junto a sus primeros cantos. Decía Emiliano que “fue un robo consentido”, aunque su madre no compartiera que fuera músico porque le parecían que eran netamente borrachos, no pudo contenerlo, el destino lo perseguía.

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A los 15 años compuso un canto dedicado a su tío, eso lo motivó a comprarse su primer acordeón, que le costó 12 pesos. El instrumento junto al machete y el hacha, lo acompañaron por muchos años en su oficio de campesino.

Pero en sus viajes y mucho antes de conocer a Carmen Díaz, Emiliano hizo una parada en Urumita, otra tierra de grandes músicos y con un calor humano incalculable. En ese pequeño municipio guajiro se enamoró de Prudencia Muegues, ‘La Pule’, con quien engendró dos hijos: Cristóbal y Teobaldo Zuleta Muegues.

Aunque eran sus dos primeros retoños, ‘El Viejo Mile’ no detuvo su rumbo. Como buen acordeonero, cantante, compositor y verseador inició el recorrido que pasó por ‘La Sierra Montaña’, una finca anclada en las estribaciones del Cerro Pintao de Villanueva, sobre lo que hoy es la Serranía de Perijá.

“Soy un hombre que puede morir tranquilo, porque su música tiene quien la difunda, contrario a lo que ha ocurrido con mis colegas, que son muy grandes, pero su obra no ha tenido continuidad”. Fragmento tomado de una entrevista realizada por Félix Carrillo Hinojosa a Emiliano Zuleta Baquero.

Llegó donde Carmen Díaz

En su ir y venir Emiliano conoció a Pureza del Carmen Díaz, la mujer que logró ‘amarrarlo’ por unos 22 años. El destino abrió paso al amor y fue en 1939 cuando Emiliano Antonio Zuleta Baquero y Pureza del Carmen Díaz Daza se casaron. De ese hogar nacieron ocho muchachitos: Emiliano Alcides, María Clara, Carmen Emilia, Tomás Alfonso, Fabio, Mario, Carmen Sara y Héctor Arturo.

Ya con sus hijos, Emiliano y Carmen se instalaron entre Villanueva y ‘La Sierra Montaña’, esas tierras vieron levantar el humilde hogar de los Zuleta Díaz. ‘Emilianito’ nació en el barrio El Cafetal (Villanueva) y luego la familia se mudó al barrio San Luis, allí llegó al mundo ‘Poncho’, quien fue recibido por María Núñez, la partera de la época.

“Un pueblo que en ese tiempo estaba lleno de piedras, era muy pequeño, pero a la vez de un calor humano hermoso, extraordinario. Levantado en un hogar humilde, de unos padres lindos. Fue una infancia muy bella, llena de nobleza, espiritualidad y sentimiento. Desde que abrimos los ojos nos inculcaron buenas costumbres y nos orientaron para que nos levantáramos como lo hicimos, para lo que humildemente somos hoy en día”, declaró ‘Poncho’ Zuleta.

Crianza a punta de campo

Emiliano Zuleta Baquero era dueño de una finca en la que sembraba café y caña de azúcar, eran 10 horas que empleaban montados sobre una mula para llegar al sitio partiendo desde Villanueva. La carretera era un sueño de aquellos niñitos que solamente conocían la selva, los arroyos del camino y algunas calles empedradas del pequeño municipio.

“Mis padres dedicados al cultivo del café y la caña de azúcar tenían una fábrica para hacer panela, también tenían ganado, era un terreno mixto. De esa manera nos levantaron, acostumbrándonos al campo. Mi papá me enseñó a trabajar muy duro, porque teniendo yo quizás cinco, seis o siete años me dicen que nos levantaba a las 3:00 de la madrugada a moler caña; todo el día sembrábamos café, plátano, malanga, arracacha y cebollín”, dijo Poncho Zuleta.

Como Emilianito era el mayor de todos los hermanos, la vieja Carmen Díaz siempre lo mantuvo a sus pasos, asistía a la finca, pero no con tanta frecuencia como ‘Poncho’, Fabio o Mario. Cuando llegó el tiempo de estudiar, los pequeños fueron matriculados en el colegio Santo Tomás de Villanueva, liderado por Rafael Antonio Amaya, un pedagogo intelectual, rudo y de enorme carácter.

Mientras todo eso pasaba, ‘El Viejo Mile’ les inculcaba a sus hijos los sonidos del acordeón, así como el canto y la composición, porque los hermanos Zuleta Díaz no veían, ni calcaban otras costumbres que la música: “Ver a mi papá con un acordeón a la orilla de un fogón haciendo sus canciones en la madrugada era una cosa tan hermosa y espontánea, innata; él no tuvo ninguna clase de estudio, al igual que mi mamá, por eso los cantos eran de sus vivencias, sentimientos y experiencias del campo, a eso le cantaba, a su compañera de siempre como fue Carmen Díaz y a sus hijos que fuimos su alimento espiritual”, dice ‘Poncho’.

De esa manera fueron creciendo los raíces vallenatas en las almas de Emiliano, ‘Poncho’, Fabio, Mario y Héctor, quienes también sacaron adelante los estudios teniendo en cuenta que a su madre no le gustaba la idea de ver a sus hijos convertidos en músicos, menos como su padre, quien permanecía de parranda en parranda; algunos fueron enfrentamientos musicales con el rey de reyes del Festival, Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, otros con Luis Enrique Martínez, su hermano ‘Toño’ Salas, Calixto Ochoa, Alejandro Durán, entre otros; pero también se tejieron inolvidables lazos de amistad como la de Gabriel García Márquez, Rafael Escalona y Leandro Díaz.

Separación tempranera

En 1966, Carmen Díaz no soportó más las parrandas y andanzas de su esposo Emiliano Zuleta Baquero y decidió terminar la relación. Fue 22 años después del nacimiento de ‘Emilianito’, el mismo que se había marchado para el Colegio Boyacá de Tunja después de que en una exposición cultural, cuando estudiaba en el Colegio Nacional Loperena (Valledupar), y le otorgaran una beca para terminar la secundaria lejos de sus hermanos, padres, amigos y de su tierra.

“Mi compadre Emiliano había terminado primaria y salió de Villanueva para irse al Loperena de Valledupar, él ya iniciaba a tocar acordeón y una vez vino una excursión de Tunja con el Colegio Boyacá, los profesores querían conocer un acordeón y una persona que lo tocara, entonces localizaron a Emiliano, cuando lo vieron quedaron locos con la improvisación, ahí buscaron a mis padres en Villanueva y les pidieron que se los entregara para llevárselo, mi mamá no quería pero al final se resolvió y lo dejó irse”, narró ‘Poncho’ Zuleta.

Siendo cinco años menor que Emiliano, ‘Poncho’ todavía cursaba la primaria en Villanueva, al terminar su hermano mayor le pidió que se fuera a acompañarlo: la soledad era tan profunda que el sentimiento vertido por el acordeón de Emiliano no improvisaba sobre los mismos acordes.

Mientras Emiliano y ‘Poncho’ luchaban por salir adelante en aquella institución educativa que cambió sus costumbres y quehaceres, la vieja Carmen Díaz trabajaba en una prendería que organizó en Valledupar, en la calle 17 con carrera 10, que llamó ‘Carmelita’ en Valledupar.

Pero ya la música hacía parte de lo que en el futuro serían los Hermanos Zuleta; Emiliano interpretaba su acordeón, ‘Poncho’ tejía versos, tocaba la guacharacha y la caja, además de cantar.

En la capital de Boyacá se graduaron de bachiller, luego Emiliano ingresó a estudiar Agronomía en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, con sede en Tunja, pero cuando ‘Poncho’ culminó sus estudios decidieron irse a Bogotá, fue así como ‘Poncho’ comenzó a trabajar en el Departamento Administrativo de Planeación Distrital y a estudiar en la Universidad Gran Colombia en la facultad de Derecho, un tiempo después se retiró y se matriculó en la Universidad Libre; ‘El Gago de Oro’ por su parte entró a laborar en la Corporación Nacional de Turismo y también cambió de carrera, se inclinó por la Economía y la desarrolló en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Pero en la música ‘Poncho’ era más atrevido, antes de grabar con su hermano lo había hecho con Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza (1969) y los Hermanos López, allí interpretó la guacharaca, hizo coros y apareció como compositor.

En 1971 aparece en el mundo discográfico el nombre de los Zuleta, aunque en el primer álbum fue Emiliano Zuleta y su conjunto, de ahí en adelante la historia les permitió grabar 33 compactos y amenizar millones de casetas, conciertos, fiestas privadas y eventos de alto reconocimiento como fue darle la bienvenida al expresidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, entre otros, que quedaron en la historia. Otro fue integrar la delegación que acompañó a Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, al lado del cajero Pablo López y los compositores Rafael Escalona y Pedro García.

Y a pesar de que la dinastía ha tenido pérdidas grandes como son las muertes de Héctor y Mario, así como la de Carmen Díaz y Emiliano Zuleta Baquero, es muy difícil que estos apellidos desaparezcan del campo musical y cultural, teniendo en cuenta que lo hecho hasta ahora es fuera de serie.