Opinión

28 junio, 2020

La esencia de las cosas

El exalcalde de Valledupar, Fausto Cotes Núñez narra en esta columna un análisis sobre la música vallenata, propia de nuestra región Caribe.

¡La vida interna de las cosas constituye su esencia, destruirla sin principios ni fines sanos es imposible!

Para darnos cuentas de todos estos principios basta con la observación y la observación hace la ley. Desde que puse pie en estas tierras, me levanté de la mano del vallenato, es decir de la música vallenata, de ese ambiente musical que llena sin empalagar y extasía el espíritu, pues es una combinación de la razón popular, del medio ambiente, de la descripción y narración romántica y afectiva, sin dejarse arrastrar de estos últimos.

Así aprendí a entender que la verdadera música provenía de las alianzas comedidas y emotivas de los hechos cotidianos, sin llegar a extremos apasionados.

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Aprendí escuchando a Bolaños, Alejo, Tobías Enrique, Escalona en especial – y digo en especial, porque esta música como muchas otras logré acariciar con mis propias manos-, Emiliano, Leandro Díaz, Carlos Huertas y muchos otros, quienes hicieron que la música de cada uno de ellos, con su fusión, originara luego la verdadera música vallenata, que más tarde con cierta influencia de la música del Río y la Sabana, agregaron el componente final para hacer de esta música lo que verdaderamente es, sin violar su esencia.

En otros tiempos conocí, como ahora aún conozco, mucha gente que manejaron sus temas, conocimientos, costumbres, situaciones, dentro de un ambiente no cerrado que lograron que su esencia no se perdiera, pero siempre dentro de un ambiente familiar, cuando por familia se entendía a un conjunto de seres o personas rodeados por afectos, costumbres y quehaceres y dominados por un bien general: su comunidad y desde luego su esencia.

Quien manejaba un arte u oficio con maestría, lograba relevancia en su entorno y este lo transmitía a sus herederos y allegados para que no se perdiera su esencia y así han permanecido en el tiempo las cosas buenas.

Este análisis me lleva a deducir con razón lógica que, todo lo que rodeaba a la música nuestra se fusionó a través de un Festival que hoy engrandece a la Nación para orgullo nuestro.

Así nació nuestra fiesta grande con el afán, esfuerzo económico y social de unos y otros amantes de este tema y se posesionó como grande por siempre y así será mientras no nos dejemos cambiar las reglas, que tanto costaron construirlas por manos de unos pocos que hoy se convirtieron en muchos y que con sus raíces y esencia han podido sostenerlo. El festival nació bajo el esfuerzo de unos y otros, quienes hacían las fiestas de casa en casa sin pedirle a nadie y así se complacía a amigos y extraños visitantes, amigos de nuestros amigos y a través de no muchas familias anfitrionas las erogaciones económicas eran mayores cada vez, pero, se complacía y se complace a la gente y este era y es el gran orgullo vallenato.

De allí surgieron, no los que hicieron el folclor, sino los que labraron su posicionamiento en el estadio universal de la música.

Ellos, hombres y mujeres valiosos, con la esencia de lo que fueron y son, dieron y han dado fundamento a la fiesta logrando conservar sus raíces.

No podemos dejar perder esta virtud, valor de nuestra música, por acciones caprichosas de gente caprichosa que sin pertenecer a la Provincia ni mucho menos a la familia vallenata, quieran tomarlo por su cuenta, solo con el fin de satisfacer sus vanidades personales, para al fin y al cabo, destruirlo, que es lo que se ha querido y la prueba está en la clase de música sin sentido y sin esencia que hoy en día se compone y propaga -menos mal que al día siguiente muere- con el acolitamiento comercial de promotores, que permiten sacar a la luz, temas que nada tienen que ver con el vallenato.

Sin pensarlo, nuestro festival nació como un gran proyecto de inversión a un tiempo infinito, es nuestra pensión de jubilación musical, por ende, debemos trabajar al lado de una buena gestión de calidad para que no muera, ni mucho menos su música la que le dio el origen.

Los alquimistas dicen que todas las cosas se pueden convertir en oro, pero hay que encontrarles la esencia o como decía mi hermano Ponchito Cotes: “¡Solo Emilianito sabe dónde tiene el corazón el acordeón!”

Por ello no podemos entregar nuestra música ni nuestro festival a gentes que lo único que manejan bien es la discordia.

Por: Fausto Cotes Núñez.