
1 octubre, 2026
Pero una cosa es cuestionar y otra, muy distinta, insultar.
Última actualización octubre 1, 2026 a las 02:38 pm
Hay críticas que hacen parte de la democracia. Hay diferencias políticas que deben expresarse y, por supuesto, quienes han ejercido liderazgo público están expuestos al escrutinio ciudadano.
Pero una cosa es cuestionar y otra, muy distinta, insultar.
Hemos visto cómo, de manera cada vez más normalizada, algunos cruzan esa línea —que no es precisamente delgada— y pasan del cuestionamiento político al insulto, la vulgaridad y la descalificación, apelando incluso a sus propios sentires personales como argumento.
Una reciente publicación en redes sociales dirigida contra Cielo Gnecco vuelve a poner sobre la mesa una discusión que parece cada vez más necesaria en el debate público del Cesar: ¿hasta dónde pueden llegar las diferencias políticas cuando se pierde el respeto por la persona?
No echemos mano del mes de octubre para disfrazar la violencia, sea escrita o verbal.
Se puede controvertir la trayectoria de la señora Cielo Gnecco, sus posiciones, sus relaciones políticas o el papel que ha desempeñado durante décadas en la vida pública del departamento. Todo eso es legítimo y hace parte del ejercicio democrático.
Lo que no parece aportar a ninguna discusión es convertir la crítica en una sucesión de calificativos y expresiones que buscan deshumanizar a quien piensa o representa algo distinto.
Y es importante decirlo porque, más allá de las disputas políticas, Cielo Gnecco también ha tenido una presencia reconocible en escenarios de trabajo social y acompañamiento a comunidades. Su nombre ha estado ligado durante años a iniciativas dirigidas a población vulnerable, así como a espacios de integración y reconocimiento, entre ellos, los dirigidos a los adultos mayores del Cesar.
Nada de esto la hace ajena a la crítica ni la coloca por encima del escrutinio público. Pero sí recuerda que detrás de cualquier figura pública hay una persona y que el debate político no debería necesitar del insulto para hacerse escuchar.
En tiempos en los que las redes sociales parecen premiar la confrontación más estridente, quizá también sea necesario reivindicar algo tan sencillo como debatir sin degradar.
Las diferencias pueden ser profundas. Las posiciones pueden ser irreconciliables. La crítica puede ser contundente.
Pero el respeto no debería ser negociable.