
10 septiembre, 2026
La exSeñorita Cesar ha construido durante años una relación cercana con comunidades vulnerables del departamento.
Última actualización septiembre 10, 2026 a las 05:07 pm
Por sus venas corre una sangre marcada por el servicio. Desde niña cabalgó por un camino trazado en casa, donde el trabajo, la disciplina y la vocación social fueron parte de su formación.
Con el paso de los años, su nombre dejó de estar asociado únicamente a la belleza. La mujer de 1,73 metros de estatura fue construyendo una identidad propia alrededor de las relaciones humanas, el acompañamiento social y una particular capacidad para rodearse de personas que comparten sus afectos y sus causas.
Hoy no es solamente la hija de Cielo Gnecco ni la hermana del exgobernador Luis Alberto Monsalvo. Aunque su apellido hace parte de una familia ampliamente conocida en el Cesar, Viviana ha ido consolidando su propio círculo y una manera particular de relacionarse con la gente.
Una muestra de ello es ‘Las mujeres de Viviana’, un grupo de amigas y personas cercanas que durante años la han acompañado en actividades sociales, deportivas y también en espacios de participación pública. Más que una estructura, es una red construida alrededor de la confianza y de vínculos que, en muchos casos, trascienden cualquier coyuntura.
Buena parte de la actividad de Viviana transcurre lejos de los reflectores. Su cercanía con comunidades vulnerables, especialmente con mujeres, niños y familias que requieren acompañamiento, ha sido una constante que se ha mantenido con los años.
Quienes la conocen de cerca suelen destacar precisamente esa faceta: la facilidad para escuchar, preguntar por las necesidades de una comunidad y mantener el contacto después de que termina una actividad.
En esa relación permanente con la gente también ha encontrado una forma de entender el servicio. No se trata solamente de aparecer en una fotografía o acompañar una jornada. Para ella, las relaciones personales son una manera de mantener abiertas las puertas con comunidades que ha conocido durante años.
Esa cercanía también explica el respaldo que ha ido acumulando en diferentes sectores. En un escenario donde las relaciones suelen estar marcadas por las coyunturas, Viviana ha apostado por construirlas en el tiempo.
Pero hay una faceta de Viviana que difícilmente aparece en los escenarios públicos: su sensibilidad frente a la pérdida de las personas que quiere.
Quienes forman parte de su círculo más cercano conocen esa fragilidad. Detrás de la mujer que suele mostrarse fuerte, sonriente y rodeada de gente, existe una persona profundamente afectiva, que establece vínculos intensos y que siente de manera particular la ausencia de quienes han hecho parte de su vida.
La reciente muerte del publicista Fabio Torres Molina, en Valledupar, fue una de esas pérdidas que golpeó especialmente su vida.
Torres no era simplemente un amigo. Era uno de esos compañeros de camino con quienes podía compartir una conversación alrededor de un desayuno, una cena o una idea que terminaba convertida en estrategia. Entre ambos existía esa confianza que permite hablar tanto de asuntos serios como de los detalles más cotidianos.
También compartieron proyectos, conversaciones sobre comunicación y ese mundo social que en Valledupar mezcla personajes, acontecimientos y relaciones construidas durante años.
Su partida, cuentan quienes conocen a Viviana, le dejó un vacío difícil de explicar. Un “hueco en el pecho”, como ella misma lo ha sentido, porque algunas amistades terminan convirtiéndose en parte de la familia que uno escoge.
Quizás allí está una de las claves para entender a Viviana Monsalvo.
Su capacidad para construir relaciones no parece estar limitada a los espacios de poder o a los apellidos conocidos. Hay una búsqueda permanente por conservar los vínculos, acompañar a quienes atraviesan dificultades y mantenerse cerca de las personas que considera importantes.
Por eso, hablar de Viviana solamente desde su familia, su pasado como reina o su presencia en escenarios públicos sería contar apenas una parte de la historia.
La otra está en las comunidades que ha acompañado, en las mujeres que la siguen, en los amigos que permanecen a su lado y en quienes han encontrado en ella una persona dispuesta a escuchar.
Es, finalmente, una mujer que ha entendido que la influencia no siempre se construye desde un cargo. A veces nace de algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil de conseguir: la confianza.
Y esa parece ser, precisamente, una de las mayores fortalezas que Viviana Monsalvo ha construido durante estos años.