Opinión

31 marzo, 2020

¡Los héroes de papel!

Atender a un enfermo, o formar a un joven, u orientar a un gremio, no es nada fácil en un mundo difícil lleno de inconformidades y egocentrismos.

Es lamentable que en algunos países del mundo, la mayoría diría yo, la escala de valores para tasar a los servidores sociales esté totalmente invertida y no se tengan en cuenta los conocimientos, ni los incansables sacrificios, ni los inmensos esfuerzos, ni los desprecios a que muchas veces son sometidos y en las tarimas del escarnio público son exhibidos cuando cometen alguna falla profesional, como suele suceder con los seres humanos civilizados y coherentes con la sociedad en que conviven y con el trabajo que ejecutan.

En nuestro conglomerado existen personajes que manejan sus conocimientos con ética y profesionalismo total, bien sea hayan sido adquiridos en forma empírica o académica, y logren una preparación para ejercerlos y prestar un servicio social a las comunidades; entre ellos están los médicos, paramédicos, pedagogos, trabajadores sociales, entre otros, quienes ejercen labores de héroes cada día. ¡Ni siquiera escuchamos a los sacerdotes de Dios a quienes solo se les remuneran con oraciones y se las negamos!

Atender a un enfermo, o formar a un joven, u orientar a un gremio, no es nada fácil en un mundo difícil  lleno de inconformidades y egocentrismos. 

Sin embargo, son los héroes, pero a la hora de la verdad, se les valora por debajo de la escala natural de las necesidades de la vida y les premian dándoles a otros lo que solo a ellos pertenece.

Esos otros, mientras mejor remunerados son, más fácilmente vierten sus ríos de perdición, pues como no saben lo que hacen, su nivel de incompetencia crece permanente, así para sostener su estadía dentro de las instituciones, tienen que comprar sus posiciones, sobre todo, cuando se trata de temas de la política actual practicada.

Gobernantes de todas las latitudes, es hora de poner en orden estas situaciones, los héroes de papel lloran en el silencio de sus sacrificios mal compensados y puede llegar el momento en que agotados, se puedan revertir prontamente, con los hechos cotidianos, contra el país político inconsecuente.

La única forma de salvar al mundo en que vivimos es trabajando con la mano de la  equidad, dando a cada cual lo que le corresponda verdaderamente.

Por: Fausto Cotes

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