Opinión

6 mayo, 2020

Los curanderos del mal

En esta nueva historia, Fausto Cotes Núñez narra la idiosincrasia que puede ser letal para una sociedad, especialmente, en tiempos del coronavirus.

¡El mal es tan mal que ni siquiera lo controla el diablo!

Estas circunstancias presentadas con el mal espantoso que nos persigue por todas partes, dan para todo, y con la ayuda de los medios sociales, dan para mucho más.

A veces no sabe uno si reír, llorar o salir corriendo a ponerse el pijama desde bien temprano, y bajo una buena sábana, esconderse ante el pánico que se infunde ante tanta conjetura baladí que se propaga y más rápidamente que el propio virus, que nos acecha como presa bendita.

No sé de donde han aflorado tantos seudos científicos, seudos médicos epidemiólogos, profesionales de toda índole, que asombran y dejan pasmado a quien los ve o escucha, que crean una confusión mental tan arraigada, que la perplejidad hace uso fácil de la persona, convirtiendo su cerebro en un órgano fácil de someterse a la idiotez.

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Entonces no sabemos qué pensar y llevados por ese atractivo de autodefensa y protección de la vida, empezamos por comprar drogas de toda clase, sustancias químicas al garete y cantidades de planta medicinales que cualquier practicante de boticario o médico empírico llevados por el deseo de figuración, traen a colación sabiendo aprovechar la debilidad y mediocridad del ser humano.

Hay que ser muy sensato, cuerdo y paciente, para no doblegar a tantas recomendaciones que, muchas veces, no oímos a nuestros médicos de cabecera, pero si acogemos entusiasmados las recetas espontáneas que nos da cualquiera que no tiene la más mínima idea del tema en suceso, que después de ingerirlas nos sentimos inmunizados.

Todos caemos fácilmente, como le pasó a un amigo querido que desatendió el diagnóstico y formulación de su médico de cabecera, el ilustre Marcelito Calderón, por una receta traída al ambiente de cualquier amigo fanático de las redes sociales… terminó el amigo en mención con una diarrea que lleva ocho días, imparable y todo por el maldito coronavirus.

¡Qué desgracia! Exclamó Leo Maya… cuando comentamos del caso… ¡Hasta Jaime Lacouture receta!….dijo,… con el rostro pálido por el asombro.

¡He optado ante esta crisis, en no preocuparme por lo que digan los demás ya que el mundo está lleno de ellos, por eso no callo sobre las recetas milagrosas, pero… me atraen los remedios de los curanderos populares!

Por: Fausto Cotes N.