Por: Equipo Primera Linea


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Lágrimas, cantos, aplausos, una amalgama sentimental que despidió a Jorge Oñate en La Paz

Su esposa Nancy Zuleta acompañó el féretro hasta el Cementerio Municipal, junto a una romería que despidió al Jilguero de América.

SILVESTRE SEPELIO JORGE OÑATE2 (1)
Silvestre se arrodilló para cantarle a su padrino, Jorge Oñate.


Con la rebeldía de un sol radiante que se negaba a esconder para no opacar el brillo de un astro folclórico que se dormiría en el ocaso de su órbita viviente, se cumplió el sepelio de Jorge Oñate en su pueblo natal La Paz Robles, en cuyas calles raras, muchas veces cantó de madrugada y en donde le dio la calidez y tono a una voz que acarició el sentimiento de muchos seguidores en el mundo.

Después del traslado de su cadáver desde Valledupar a la tierra que lo vio nacer, no pararon de sonar en los alrededores de la plaza Olaya Herrera las canciones de todas las etapas de este clásico cantor que nos abandonó, mientras que un mar de lágrimas brotaba de los parpados acompañantes a esta caravana del dolor, lo que se agudizaba con cada verso salido de las gargantas de los artistas que desfilaron por esa tarima que honrosamente lleva su nombre.

Inicialmente los cantantes nativos rindieron su tributo a ese árbol frondoso que paradójicamente no los dejó desarrollar la clorofila de sus cualidades artísticas, pero al que siempre referenciaron como el patrón musical, solo comparable a la devoción del mismo San Francisco de Asís.

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El delirio colectivo se desbordó a la hora del sepelio cuando el astro rey se resistía a descender para no ver bajar con él a Jorge Oñate, quien le competía en la radiante luz que lo distinguía en la galaxia musical del valle del cacique Upar.

Allí frente al féretro del más fuerte, por la ventanilla de su ataúd se colaron las tonalidades y estructuras de las canciones que hizo grande, pero esta vez en las voces de sus amigos que fueron obreros de su arquitectura folclórica.

El desfile no tuvo preferencia por turno alguno, todos llevaban el mismo propósito, agradecer la impronta del cantor mayor, que, como los novillos de Urbanito Castro, a los que les cantó Escalona, Jorge les dejó una huella en forma de corazón, la que deben seguir los activistas del vallenato de hoy.

Con el acordeón del Turco Gil y la entonación del vals tristeza del alma culminó el desfile de artistas como: Jorge Celedón, Peter Manjarrés, Silvestre Dangond, Orlando Liñán, Yader Romero, Fabián Corrales, Yeyo Núñez, Chiche Maestre, Penchi Castro, Álvaro López, Julián Rojas, Javier Matta, entre otros, quienes en medio de sus sentimientos enrumbaron sus penas al campo santo para cerrar la historia de un cantor que sumó y multiplicó el valor comercial del vallenato, y dividió la historia del folclor para darle posición a los vocalistas como elementos determinantes en el crecimiento de esta cultura folclórica. Paz en la tumba del Jilguero, hasta siempre cantor.

Por William Rosado