Por: Carlos Mario Jiménez


Mis redes




Comparte esta noticia

La noche que Emilio Oviedo fue rey del Festival Vallenato por minutos

El acordeonero descubrió a cantantes como Jorge Oñate, Rafael Orozco, ‘Beto’ Zabaleta, Diomedes Díaz y Farid Ortiz.

EMILIO OVIEDO LEONARDO ALVARADO (9) (1)
Mario Puerta lo bautizó ‘El Comandante’ en el programa ‘Discoteca Abierta’, que se emitía por la emisora Radio Guatapurí.


Una corona esquiva para Emilio Oviedo fue la del Festival Vallenato, en categoría Profesional. Ganó en semiprofesional, que fue creada por Alonso Fernández Oñate, en 1969.

Se presentó por primera vez en 1981, fue derrotado por Raúl ‘Chiche’ Martínez y Alberto ‘Beto’ Rada, primer y segundo puesto, respectivamente. ‘El comandante’, como se le conoce en el vallenato a este acordeonero nacido en Costillas, corregimiento del Municipio de Pelaya, Cesar, alcanzó el tercer lugar.

Un año después, con la historia más grande en el folclor por llevar a las grabaciones a cantantes como Jorge Oñate, Rafael Orozco, ‘Beto’ Zabaleta, Diomedes Díaz y Farid Ortiz, entre otros, llegó como el favorito del público, algo que con su nota revalidaba.

TE INTERESARÍA LEER: La deuda que ‘Cocha’ Molina le pagó a Fernando Dangond 40 años después

Su un estilo estuvo basado en Calixto Ochoa y Emiliano Zuleta Díaz, lo que auguraba digitación, calidad y cadencia. Sin embargo, y aunque lo alcanzaron a alzar en hombros, una sorpresa se llevó cuando el jurado calificador de 1982 no lo dio como vencedor del Festival Vallenato, en la plaza Alfonso López.

¿Cómo arrancó Emilio Oviedo en el Festival Vallenato?

En 1970 gané en Semiprofesional y dejé pasar 10 años para buscar la corona Profesional. En 1981 me inscribí y todo el mundo me daba como ganador porque ya había grabado con Jorge Oñate, Rafael Orozco, ‘Beto’ Zabaleta, ‘Chiki’ Escobar y en esa ocasión hacía pareja con ‘El Papi’ Díaz (Reinaldo). Fue una competencia muy luchada y quedé en el tercer lugar; ‘Beto’ Rada ocupó el segundo puesto y el rey fue Raúl ‘Chiche’ Martínez, quien estaba apadrinado por Jorge Oñate.

¿Y entonces qué hizo?

Me volví a presentar en 1982 y el público me tenía elegido. Cuando se terminó la final en la tarima Francisco el Hombre, los periodistas le cayeron al jurado para buscar la chiva y ellos dijeron que el rey era Emilio Oviedo, segundo ‘Beto’ Rada y el tercero, Miguel Ahumada.

Una vez pasó todo llamaron al jurado a la casa de ‘La Polla’ Monsalvo (Cecilia), que estaba encargada de la Fundación, pero de allá salió un comunicado y cambiaron todo; yo había hablado como rey, no quería hacerlo antes del fallo, alcancé a decir algo y esa fue la pena que me dio, porque el veredicto final quedó conformado por ‘Miguelito’ Ahumada en tercer puesto, ‘Beto’ Rada como segundo y cuando dijeron primer lugar, yo estaba listo para alegrarme, pero resulta que fue Eliécer Ochoa: me quedé con las orejas claras.

Me dio una ira y recuerdo que el locutor barranquillero, Gilberto Héctor Lara, desconectó los aparatos y se fue rabioso. Se formó el desorden y declaré que apoyaría el festival porque era nuestro folclor, pero no me presentaba más porque el señor que había ganado nunca había grabado, ni había pegado, él era guacharaquero. Esa fue mi última participación.

¿Y usted se sentía con cualidades para ser rey vallenato?

Yo me preparé para ser rey, llevé canciones inéditas de mi propia autoría. En la guacharaca me acompañó ‘El Papi’ Díaz y en la caja Augusto Guerra. Yo tocaba y cantaba. No hablé mal del festival, colaboro en lo que esté a mi alcance, pero me ridiculizaron y yo tenía méritos para ser rey. Había sacado cantantes como Jorge Oñate, Rafael Orozco, ‘Beto’ Zabaleta y Diomedes Díaz. También acordeoneros que llevé a grabar como Juan José Granados, ‘Goyo’ Oviedo, así como compositores que dieron el salto conmigo, por ejemplo, a Hernando Marín le grabamos su primera canción con Rafael Orozco; Diomedes Díaz, Edilberto Daza, así tantas cosas importantes que les he dado al folclor.

¿Qué ha sido lo importante en su carrera para llegar al éxito?

He tenido una disciplina increíble, que mucha gente la reconoce porque a mí no me ven sentado en una esquina bebiendo cerveza, ni parrandeando, nunca me han demandado. Este trabajo del acordeón para mí es sagrado, pude sacar mis cuatro hijos profesionales; una odontóloga, un arquitecto, una fisioterapeuta y una médica radióloga. A ninguno le aconsejé la música.

¿Cómo intuía usted que un cantante lograría el éxito?  

Yo venía grabando hace mucho tiempo, desde 1964, cantaba y tocaba, a Discos Fuentes le gustaba lo que hacía y fueron cuatro trabajos discográficos; hice otros en Sello Metrópoli y Victoria, pero no pegué. Me puse a pensar y a descubrir cuál era lo negativo mío, por qué no podía pegar como los otros acordeoneros (Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Luis Enrique Martínez, entre otros), pero descubrí que mi voz no era comercial, fue cuando me recomendaron a Jorge Oñate (1968) para que lo dejara cantar una canción y decidí independizar el acordeón con la voz. En ese trabajo (Festival Vallenato – Los Guatapurí -) Oñate cantó ocho canciones y yo cuatro; Jorge se quedó en Bogotá y yo volví a grabar otro disco en el sello Tropical y tampoco pegó, allí fue que decidí buscar cantante y encontré a Rafael Orozco.

¿Cómo encontró a Rafael Orozco?

Fue en Aguachica cuando fui a una feria. En esa ocasión me invitó el secretario de Educación Departamental, José Díaz Cuadro, me puso a cantar en la carretera que estaba destapada y había mucho polvo, cuando quise llegar a Aguachica no tenía voz.

En un almuerzo que estaba tocando se me presentó Rafael Orozco y me advirtió que yo estaba muy mal, que si quería me ayudaba a cantar una canción, le dije que sí y le pregunté cuál, me respondió que de los hermanos Zuleta la que quisiera y tocamos ‘El trovador ambulante’; me gustó tanto que lo cité al final de la parranda y él me comentó que estaba ahí tocando guacharaca con Julio De la Ossa, así fue como le dije para vernos en Valledupar y luego comenzamos a tocar paseos y fiestas familiares, después nos fuimos para Honda, Tolima, con el fin de quedarnos en Bogotá buscando grabación. Cuando grabamos y pegamos se fue para Barranquilla a estudiar y allá se conoció con Israel Romero, que estaba con Daniel Celedón, hicieron la unión y a mí me dieron el golpe en una reunión en el Hotel Sicarare.

¿Ha percibido el agradecimiento por tanto aporte al folclor?

Con los artistas no, con el acordeón si porque me dio para criar mis hijos y sobrevivir. No tengo la plata de muchos cantantes, porque no tuve estabilidad con muchos, cuando sacaba uno bueno me lo quitaban.

Yo me dediqué toda mi vida al acordeón. En mi oficina puedes ver diplomas, trofeos, afiches, discos y los reconocimientos adquiridos a lo largo de mi carrera. El acordeón ha sido mi vida y tengo que serle fiel hasta la muerte.