Opinión

30 julio, 2019

El ladrón de sueños de los vallenatos

No fue ni será el mejor, en ningún sentido, el mejor. Para mí siempre será un ladrón de sueños, porque quienes nacen y quienes vivimos en esta ciudad, esperamos convivir en condiciones óptimas.

Una madrugada desperté azorado, acalorado y con mucha sed. Por mi mente pasó un horrible sueño, bueno eso creía yo. En esa alucinación veía como corrían atracadores por las calles de Valledupar, el hambre estaba apoderada de los estratos más bajos carcomiendo decena de hogares. Lo más grave, y quizás no menos preocupante, Alejo Durán, en un pequeño palo de mango, lloraba bajo una ‘candente’ plaza Alfonso López porque su historia había sido cercenada.

¿Qué está pasando? Fue mi primer pensamiento y tomé un poco de agua; un segundo más tarde traté de recordar mi última comida, por aquello de las recomendaciones médicas, y el tercero, muy sensato, saber que no era una pesadilla sino la realidad de lo que pasa en la ciudad.

Seguía sin comprender la razón del sueño y buscando la manera de hacerlo, encontré datos interesantes, que dejan en entredicho lo recalcado por una Alcaldía ‘apaga incendios’, que gobierna para subir fotos en redes sociales y en la que su principal función es atacar a quienes opinan.

La sofocación de la pesadilla transformada en cifras es así: denuncias por hurtos llega a 2.559, entre el 1 de enero y 22 de julio de 2019. Se habla de 13 hurtos diarios, de los que tiene conocimiento la Policía Nacional, porque los números son mayores, teniendo en cuenta la falta de denuncia del ciudadano.

Los principales robos, como es de esperarse, son a personas (1.199), el segundo blanco de los bandidos son los comerciantes (340), después están las motocicletas (181), las residencias (153), automotores (48), y el abigeato (22). Datos de las autoridades señalan que algunos actos delictivos bajaron, con respecto al año anterior.

Pasando este trago un sorbo más amargo llegó. Las muertes violentas ascienden a 51 en lo corrido de 2019, 13 más que a la misma fecha del año anterior; dos cosas parecen seguras para los vallenatos, vivimos con miedo o vivimos con percepción.

Buscando en otra orilla, la pobreza pasa factura y de qué manera. Desde 2014 al 2017, creció del 27 % al 33,4 %, aunque el lema de la administración municipal sigue leyéndose en vallas y los panfletos con los que adornan el aparato propagandístico del alcalde: “La familia es lo primero”.

Y el detonante, un ingrediente mágico para ‘sazonar’ los índices económicos. Valledupar es una de las cinco ciudades con mayor desempleo en Colombia. Tiene una tasa del 16,4 % durante el trimestre febrero – abril de 2019, representando en un aumento del 1,5 % con respecto al mismo periodo de 2018. La media nacional, según el informe del Dane, es de 11,1 % en las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas del país.

Un sueño triste lo llamaría Calixto Ochoa si pudiera componerle una canción el día de hoy a Valledupar. Pero no, esos 74.184 que confiaron en Augusto Daniel Ramírez Uhía, conocido como ‘Tuto’ Uhía, les pasó igual o peor que a mí en ese sueño.

Escogido como alcalde de Valledupar el 26 de octubre de 2015, con un 48,32 % de la votación total, y su manera de llegar fue anunciando mejorar condiciones para los vallenatos; propuso devolverle la seguridad a la ciudad, mejorar la movilidad, generar empleos y mejorar servicios como educación y salud. ¿Qué cumplió? Usted ya tiene como hacer un balance de su gestión, una gestión llena de desaciertos, sin rumbo (todos los años tuvo un nuevo esquema, como si estuviese en campaña), identidad ante los ciudadanos y mucho peor, un administrador altivo, sensible a las críticas y amante a los padrinos para callar a quienes decimos algo.

No fue ni será el mejor, en ningún sentido, el mejor. Para mí siempre será un ladrón de sueños, porque quienes nacen y quienes vivimos en esta ciudad, esperamos convivir en condiciones óptimas, seguras, en una ciudad tranquila, que brinde condiciones para subsistir y no mendigarle acciones a una Policía Nacional, que debe hacerlo por obligación.

Por supuesto, si algo debemos agradecerle al señor alcalde es hacer posible que la ciudad sea sede de los Juegos Bolivarianos 2021, porque sin duda le traerán un dinamismo deportivo, en infraestructura, económico, entre otros, a la capital del Cesar.

Sin embargo, deberíamos agradecer más a Nicolás Maduro y la crisis que ha propiciado en el país vecino ya que desde 2018 la Organización Deportiva Bolivariana (Odebo) había elegido a Venezuela como país organizador y se decantó por nuestra ciudad por brindar más garantías en la organización de tal evento. 

PD: Datos incluidos en esta columna; Policía Nacional, Análisis de la pobreza y condiciones de vida en Valledupar, Dane.

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