Opinión

15 octubre, 2019

¿Dimos papaya?

Al próximo alcalde le queda entre otras tareas cumplir con la promesa de devolvernos la seguridad, hay que esperar y confiar, en lo que nos queda.

A los periodistas no nos gusta escribir en primera persona, pero el peso de lo que me sucedió, junto con mi familia, me obliga a hacerlo, también porque muchos de ustedes han pasado por el mismo terror y no tienen un conocido en el periodismo que cuente sus historias.

El domingo 13 de octubre, cuando estaba con mi esposa, nos sentamos en la puerta de la casa, ella en un  taburete, yo en un muro sobre la entrada, ella vestía una bata tipo wayúu  y yo, una bermuda y una camiseta sin mangas.

Eran más o menos las 7:30 de la noche, unos minutos después vimos pasar a unos policías, uno conducía una motocicleta particular con una persona de parrillero, el otro iba en la motocicleta de la institución, nos miramos, dijimos ya lo van a ‘vacunar’.

Las motocicletas pararon en la esquina de la carrera 13 con calle 17, ahí la persona con los dos policiales conversaron por unos minutos, posteriormente los patrulleros se montaron en su motocicleta y partieron por la 17 hacia la carrera 14.

La persona que fue conducida se montó en la motocicleta e intentó encenderla, pero no le funcionó, se vino hasta donde nosotros y ahí siguió intentándolo sin éxito.

Le dije que si sabía prender la moto empujándola, su respuesta fue afirmativa, hice esa tarea y ni así se logró poner en funcionamiento  el vehículo.

Acto seguido le pregunté que si tenía a quien llamar para que lo auxiliara, dijo que al dueño de la motocicleta, le dije que lo llamara, dijo no tener minutos.

Mi teléfono celular se estaba cargando, le advertí que le regalaba el minuto, fui en busca del aparato, le pedí el número, se lo marqué y se lo entregué, cuando el interlocutor contestó, comenzó a indicarle a la otra persona que la moto no encendía, dijo que la luz verde se encontraba prendida, ante una pregunta de la otra persona en la línea.

No había transcurrido un minuto cuando de la calle 18 aparecieron dos motocicletas con tres personas, una más con un hombre bajó por la 17, la que venía como parrillero en una de ellas saltó con un cuchillo, tipo militar, en la mano y le manifestó al joven que no se hiciera matar, que le entregara el teléfono.

El tipo le hizo varios lances al joven hacia el pecho, ante esto no tuvo más que entregar el teléfono, pese a que se le entregó el aparato siguieron las amenazas de muerte, obligándonos a refugiarnos en la casa, como si nosotros fuéramos los criminales y no ellos.

Tras entrar en la casa, los cuatro sujetos permanecieron por unos segundos frente de la casa para posteriormente emprender la huida hacia la calle 17.

¿Dimos papaya? Tal vez, pero creo que quienes habitan en esta ciudad tiene el derecho de sacar sus teléfonos móviles a placer, creo que los vallenatos tienen derecho a sentarse en las puertas de sus casas sin tener la zozobra de cada vez que se acerca una motocicleta los van a atracar, que los que aquí viven tienen el derecho de salir de sus casas sin el temor de que algo o alguien les haga algo, en fin el derecho de vivir tranquilos.

Estamos en época electoral y todos los candidatos a la Alcaldía de Valledupar vienen ofreciendo seguridad a los vallenatos, misma promesa que hizo el alcalde actual, al cual le quedó grande, muy grande, esa tarea y de la que se ha desmarcado diciendo que él no es el jefe de la Policía, que él ha entregado las herramientas necesarias; en fin que ha hecho la tarea, pero la realidad demuestra otra cosa.

En el caso de la Policía, a la que le cabe mayor responsabilidad, porque los patrulleros de esa anoche en vez de estar protegiendo a la comunidad, estaban era extorsionando a los motociclistas, y lo digo porque así me lo dijo el hombre al preguntarle que sí le habían quitado plata.

Al próximo alcalde le queda entre otras tareas cumplir con la promesa de devolvernos la seguridad, hay que esperar y confiar, en lo que nos queda.

Lo que me queda de esta experiencia es un susto mayúsculo junto con mi esposa e hijo, debido a que hoy no sabemos si a quien ayudamos hace parte de la banda como muchos nos aseguran y a quien metimos en nuestra casa confiados de que era una víctima más, dentro de la misma pudo ver el celular de mi hijo quien hoy retoma sus actividades y su madre y yo estamos con los nervios de punta pensando que pueda ser una vez  víctima otra vez de esta banda.

Alex Acuña Reales

@alex86010