8 julio, 2026
Para Julio César, cantar no solo significa interpretar una melodía. Es un acto de resistencia y de protesta, a través de su obra también busca romper los estigmas que han marcado a las comunidades rurales y reivindicar la dignidad de quienes padecieron el conflicto armado.
Última actualización julio 8, 2026 a las 10:07 am
Hay heridas que el tiempo no logra borrar, pero que el arte puede transformar. Esa ha sido la apuesta de Julio César Meneses Noriega, quien encontró en la música la manera de honrar la memoria de sus hermanos desaparecidos y de miles de víctimas del conflicto armado que aún esperan verdad, justicia y reparación.
Nació y creció en el corregimiento de Rincón Hondo, municipio de Chiriguaná, Cesar. Hijo de papá campesino y su mamá era panochera tradicional, fue el menor de cuatro hermanos, dos de ellos desaparecidos por grupos armados al margen de la ley, “aunque tuve más hermanos de parte de mi padre, me hicieron mucha falta mis hermanos mayores” señala Julio César.
Cada verso de su obra ‘Yo soy campesino’, nace de una historia real. De los recuerdos de su familia, de escenas diarias donde veía a su madre detenerse a secarse las lágrimas entre cada oficio que realizaba en casa, o de observar a su abuela abrir una y otra vez una maleta en la que permanecían las cosas de uno de sus hermanos desaparecidos, e incluso del momento de desahogo del papá de Julio, quien se tomaba de vez en cuando unos tragos y lloraba diciéndole: “eres el único hijo varón que me queda”.
“Esta canción surge un domingo en la tarde. Me encontraba viendo por televisión una audiencia de la JEP. Escuchaba cómo los militares narraban lo que hacían con los campesinos, con la gente inocente y eso me puso muy muy sensible. Recordé los hechos de violencia en mi pueblo, la desaparición de mis hermanos, y todo lo malo que trae la guerra, agarré papel y lápiz, la guitarra y me puse a escribir y les confieso que esa canción surgió en medio de lágrimas, cada frase que escribía, cada palabra, que me salía del alma porque también revivía esa situación” expresa Julio César.
En su calendario, dos años marcaron su vida: 1996 y 2003, sobre todo este último, pues cuando aún contaba con un hermano mayor, a quien tenía como su ejemplo de vida, el conflicto armado lo volvió a dejar sin guía, nuevamente su familia lloraba un hijo, un hermano, una parte de ellos que les arrebató la desaparición forzada.
“Yo siempre veía a mis hermanos como mis referentes, yo quería ser como ellos, veía a mi hermano mayor que cantaba, participaba en festivales y yo quería imitarlo”, así narra Julio cómo llegó la música a su vida, pero no para cantarla junto a su ser querido, sino para tratar de apaciguar el dolor que en él ha causado la ausencia que a fuerzas le ha tocado palpar, “en medio del dolor surge la inspiración, pues todo esto que me tocó vivir, la desaparición de mis hermanos, hechos de violencia en mi territorio, en mi pueblo, influyeron mucho en la composición de la canción porque uno quiere sacar todo eso que lleva guardado, que cada vez que recuerda le duele y le hace llorar” mencionó.
“Yo soy campesino, digo la verdad
Quiero mi burrito para irme a sembrar
Quiero mi burrito para irme a sembrar…
… ¿Por qué me hacen esto?, destrozan mi alma
¡es mi único hijo!, una madre exclamó
Su padre pregunta ¿por qué se lo llevan?
Si él es campesino lo mismo que yo…”
Para Julio César, cantar no solo significa interpretar una melodía. Es un acto de resistencia y de protesta, a través de su obra también busca romper los estigmas que han marcado a las comunidades rurales y reivindicar la dignidad de quienes padecieron el conflicto armado.
“Los campesinos son personas de bien, amantes a la tierra, a su semilla, a sus cultivos, a lo que hacen, a producir, yo soy hijo de campesino, me crié en el campo sembrando yuca, maíz, patilla, plátano, es algo muy bonito, entonces me duele ver como trataron a los campesinos por estar en ciertas áreas donde hay presencia de grupos armados, el campesino no tiene culpa que a su territorio llegue uno u otro grupo armado, él simplemente está ahí, haciendo su labor” señala.
Hoy, ese camino de memoria y resiliencia recibe un importante reconocimiento. Julio Meneses es uno de los ganadores de Visibles 2026, la convocatoria de la Unidad para las Víctimas que exalta las expresiones artísticas y culturales creadas por víctimas del conflicto armado, destacando aquellas obras que convierten el dolor en memoria, esperanza y construcción de paz.
“El reconocimiento de Visibles ha sido motivo de mucha alegría para mí, para mi familia, me sorprendió saber que era uno de los ganadores y el mensaje que quiero compartir con las víctimas del país entero es que vale la pena seguir adelante, vale la pena dar a conocer lo que somos, lo que tenemos, que miremos al pasado y que tratemos de no repetir los errores, que solucionemos todo mediante el diálogo para construir la paz” manifestó Meneses.
Con iniciativas como Visibles, la Unidad busca fortalecer escenarios donde el arte se convierte en una forma de reparación simbólica, permitiendo que las víctimas narren sus historias desde la creatividad y aporten a la construcción de una memoria colectiva que contribuya a la no repetición,
Hoy, Julio César Meneses, se dedica a cantar en una parroquia y realiza campañas de educación y acción ambiental, a través de su voz y su liderazgo en los temas del Medio Ambiente, siembra paz y esperanza a los corazones golpeados por el conflicto armado, “Gracias a Visibles, a la Unidad para las Víctimas por este reconocimiento y también a los medios por permitirme mostrar y dar a conocer esto que estamos haciendo”, expresa con sentimiento de gratitud Julio César Meneses.
