Opinión

24 noviembre, 2020

¿A ustedes no les duele Valledupar?

Problemas en seguridad, movilidad y vías en mal estado hacen parte del diario vivir de los habitantes, quienes de compromiso muestran muy poco.

Con el pasar de los días, el cuerpo se envejece, el alma se agota, pero los pensamientos llegan a la madurez y hasta objetivos son.

Miramos de una manera siendo niños, imaginamos un mundo fácil y solo entendemos su dinámica al crecer, y observar, lo que verdaderamente nos ocupa. En este caso, Valledupar.

Me ocupa porque es una ciudad con bondades extraordinarias difíciles de hallar en muchos territorios de Colombia. Pero más allá de su especialidad, la ‘Capital Mundial del Vallenato’ atraviesa un duro trance, no solo por la pandemia del coronavirus COVID-19 sino por la falta de amor propio de los ciudadanos, así como también la ausencia de políticas gubernamentales con sensibilización, y más preocupante, carácter.

Los incrédulos mantienen la creencia de que somos “un pueblo grande”, cuando en realidad somos un emporio en formación para ser modelos ambientales, culturales, turísticos y en generación de empleos, gracias al impulso de empresarios y emprededores. Y las bondades propias.

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¿No te duele Valledupar? Para ir por las vías, abrir el vidrio del vehículo y arrojar basura a la calle; para no hacer una fila en una entidad bancaria o tirar escombros en plena vía pública. ¿Acaso los árboles que siembras en la puerta de tu casa no necesitan mantenimiento? Claro, se me olvidaba que algunos piensan que los vehículos andan con aire, tanto en las llantas como en el motor, cuando lógicamente lo mueve la gasolina.

Pues bien, es injustificable como ante la ausencia de un gobierno de turno sin las herramientas para evitar abusos de la comunidad, hoy en día estamos en una ciudad desordenada, con tumultos por todos lados y sin el más mínimo camino que nos lleve a la salida de emergencia.

Encontramos vías, desde los barrios vulnerables hasta los más altruistas llenas de huecos. En Valledupar cualquier habitante u obrero rompe el pavimento o el asfalto y no pasa nada. Miramos que, en urbanizaciones y conjuntos cerrados, se hacen reformas a viviendas sin tener licencias urbanísticas ¿y Planeación Municipal? Muy bien, a control remoto.

Lo peor de todo es el espacio público. No se entiende cómo en La Nevada, Centro, Galería Popular, la séptima y pare de contar, el peatón está obligado a bajar de la acera porque una cama, un colchón, la carreta con frutas o verduras, como muchos productos más, son los dueños del andén. Difícil entender cuando se habla de reactivación económica, pero sin orientación. Muy difícil.

¿Al alcalde Mello Castro, sus secretarios y empleados no les duele Valledupar? Porque a pesar de que trabajan, en lo público toca dar más allá de lo mínimo, es necesario llegar al punto máximo cuando se sueña con tener éxito, especialmente en política. No es tan difícil alcalde, simplemente crea en quienes tienen las iniciativas y el conocimiento propio, no se deje llevar por parásitos que en todos los gobiernos quieren estar para acceder al poder ante su inoperancia como profesionales.

Es de compromiso y no de espejismos. Ya ‘Tuto’ Uhía, el mismo que aburrió a los usuarios de las redes se fue, ahora, Mello Castro, tiene en sus manos una ciudad cargada de necesidades tanto por el COVID-19, como por inconvenientes de las administraciones anteriores; llámese problemática histórica de la margen derecha del Guatapurí o inseguridad. Tenga claro algo, esos mandatarios se acomodaron y cogieron el camino ancho; usted, como joven y dinámico político, con experiencia en el Concejo y la Asamblea, haga como Silvestre Dangond quien tomó la ruta más dura en el vallenato; agarre la vía más caldeada, tome riesgos, porque seguramente, si lo hace, la ciudad entera se lo agradecerá al irse.

Alcalde, salga a caminar a Valledupar, así como caminaba buscando adeptos en campaña, aproveche su carisma para generar simpatía con sus electores, no haga una barrera que difícilmente se podrá pasar el próximo año. Devuélvale a Valledupar lo que Valledupar le dio, la confianza.