
19 enero, 2026
La candidata por el Centro Democrático está trabajando por superar en votación a la casa Monsalvo Gnecco, apuntando a elecciones locales.
Última actualización enero 19, 2026 a las 05:16 pm
La aspiración de Claudia Margarita Zuleta al Senado de la República no es una estrategia menor ni aislada. Su candidatura se perfila como un intento directo por desafiar la hegemonía política que la familia Monsalvo Gnecco ha ejercido en el Cesar durante más de una década, con el Congreso como primer escenario de disputa.
En la otra orilla aparece José Alfredo Gnecco Zuleta, quien hoy concentra el respaldo del grupo Gnecco para el Senado. Aunque lo sostiene una estructura política consolidada, su permanencia por más de diez años en el Congreso y el desgaste propio de los ciclos largos de poder generan dudas sobre su capacidad de renovar el respaldo ciudadano. La fatiga electoral y la percepción de lejanía con las bases empiezan a pesar en un escenario cada vez más competitivo.
El desafío para Zuleta es mayúsculo. El Senado se elige por circunscripción nacional, lo que implica convertir el respaldo regional en una votación competitiva a nivel país. Sin embargo, el Cesar sigue siendo el eje de la disputa simbólica: derrotar allí a la casa Monsalvo Gnecco tendría un efecto político que va más allá de una curul, al debilitar la narrativa de invencibilidad del grupo que ha gobernado el departamento con distintas generaciones.
Ese cálculo no parte de cero. En las elecciones a la Gobernación del Cesar de 2023, Claudia Margarita Zuleta obtuvo cerca de 184.000 votos, ocupando el segundo lugar y accediendo, vía Estatuto de la Oposición, a una curul en la Asamblea Departamental. Desde la Duma, su rol como opositora le permitió consolidar una base de respaldo en sectores de opinión que ven en ella una alternativa frente al poder tradicional.
No obstante, el principal reto sigue siendo el mismo: pasar de la oposición a la construcción de poder real. Para lograrlo, Zuleta deberá articular alianzas con sectores políticos, sociales y económicos que trasciendan el voto de opinión y le permitan competir con una maquinaria que, aunque desgastada, sigue teniendo control territorial y estructura.
Más que una contienda entre dos apellidos, la elección al Senado en el Cesar se perfila como un choque entre dos modelos: una figura que busca capitalizar el desgaste del poder hegemónico y una casa política que apuesta por la continuidad. La pregunta que queda sobre la mesa es si esta elección marcará el inicio del declive del dominio Monsalvo Gnecco o si, una vez más, la estructura tradicional se impondrá en las urnas.
El tablero político ya está en movimiento y el Senado podría convertirse en la antesala de una reconfiguración más profunda del poder en el Cesar.